Junio 2018

Monitor Macro

Un peso que flote es parte del acuerdo con el FMI

El organismo multilateral de crédito busca que el país tienda a un equilibrio en las cuentas externas. Un dólar atrasado como el de hace sólo semanas atrás, reflejaba más que nada la pretensión del país de vivir de los créditos externos, mientras discutía como hacer un ajuste.

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El gradualismo de pizarrón pretendía tomar deuda por u$s 30.000 millones por año (es decir, u$s 120 mil millones en 4 años de presidencia), que para tomar dimensión, en 2001 Argentina declaró el default dejando impago casi u$s 80.000 millones.

La actual crisis cambiaria puso en evidencia que Argentina tiene menos crédito externo del que el gradualismo pretendía, y por ello la necesidad de pedir el rescate del FMI, en calidad de prestamista de última instancia.

El precio del tipo de cambio será libre en el nuevo programa económico acordado con el FMI. No se podrá mal gastar dólares ante corridas, ni financiar un déficit externo insostenible. Por eso el nuevo valor del dólar no sólo es parte del acuerdo con el Organismo, sino por la falta de otras fuentes de crédito externo.

Prioridad en el acuerdo con el FMI: dejar de emitir

El acuerdo con el FMI exige frenar la creación de dinero, que nunca se alejó del 30% interanual en la saliente administración del BCRA. Ello implica que ya no se podrá emitir para financiar al gobierno, ni para acumular reservas, ni emitir para el pago de los intereses de las Lebacs.

Vale advertir que hoy los intereses de las Lebac son actualmente el único factor de creación de dinero, que a tasas de interés del 40%, al anualizarlo implica emitir $ 500 mil millones en intereses. Esta creación de dinero pone un piso de crecimiento de los agregados monetarios del 20% interanual.

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Para frenar esta creación de dinero que genera el pago de intereses de las Lebac, el FMI exige su desarme. Para ello, el Gobierno venderá parte de los dólares en el mercado cambiario y en paralelo se podrá bajar las tasas de interés. Quien no vea atractiva la inversión en Lebac con tasas más bajas y por ello quiera dólares, estará el Tesoro vendiendo en el mercado. El precio al que ofrece los USD7.500 millones, posiblemente fue acordado con el FMI.

Bajo esta metodología se prevé reducir el stock de Lebac en u$s 21.000 millones en el plazo de 3 años, lo que permitirá disminuir su stock a la mitad hasta representar 5% del PBI en 2021.

En definitiva, el FMI otorgó un importante apoyo político a punto tal que dejó que sea el propio Gobierno quien reformule el gradualismo, pero con metas concretas y sin espacio para voluntarismos.

El apoyo del FMI vino justo cuando el mercado ya le daba la espalda al gobierno por un gradualismo que no cumplía ni sus propias metas, en un contexto donde la oposición aprovechó para hacer populismo de vieja escuela, arriados por la misma cepa que nos trajo a esta crisis.

Recalculando el gradualismo con el FMI

Cuando el Gobierno asume en diciembre del 2015, no dudó en cambiar la orientación económica que heredaba. Buscando recuperar un piso mínimo de economía de mercado, rápidamente liberó los precios, el mercado cambiario y el comercio exterior, además de salir del default y del Indec. Tras recuperar las señales de precios y la institucionalidad, emergió el deterioro estructural: un déficit fiscal de 7% del PBI y uno externo de 5% del PBI. Además de no disponer de reservas en el Banco Central (BCRA).

Para resolver los déficits gemelos, el Gobierno se propuso un plan económico que buscaba bajarlos de manera gradual. Al plan se lo apodó "gradualismo".

Pero, ante tamaños déficits, el gradualismo exigía un importante nivel de endeudamiento. En números, el gradualismo de pizarrón se proponía tomar deuda por 30 mil millones de dólares por año, durante los cuatro años de gobierno. Es decir, 120 mil millones de dólares en toda la presidencia. Para dimensionar, cuando en 2001 Argentina se declaró en default, dejó impagos títulos públicos en manos de privados por casi 90 mil millones de dólares.

Aun siendo optimista, si el gradualismo llegaba a cumplir sus propias metas, sería con la lengua afuera en materia de endeudamiento. Pero el pizarrón que no dejaba margen de error chocó con la realidad desde el arranque cuando no llegó la "lluvia de inversiones" y, en consecuencia, el "segundo semestre" mostró tener muy poco carretel. La sequía y la suba de tasas en Estados Unidos fueron los imponderables que tampoco admitía el pizarrón, y la combinación de todo pegó en el cimiento mismo del plan oficial. Los mercados perdieron la confianza de que el Gobierno lograra corregir los déficits antes de que llegara la noche de la deuda.

En efecto, después de que Argentina colocó títulos públicos por 70 mil millones de dólares en los mercados internacionales, los inversores se mostraron empachados de riesgo argentino, ante un plan oficial que se forzaba de voluntarismo ante la falta de resultados.

Al no cumplir sus propias metas fiscales y menos monetarias, trajo las dudas de si el gradualismo dispondría del crédito externo que exige de pizarrón. Estas dudas desataron una salida de capitales que se necesitó salir corriendo al rescate del FMI para reformular el plan de Gobierno.

El rescate del FMI

En tiempo récord el Gobierno logró un acuerdo con el FMI y por un préstamo de 50 mil millones de dólares (9% del PBI), que permite asegurar el financiamiento que los mercados ya no estaban dispuesto a financiar. Por el tiempo y el monto, es un evidente apoyo político desde el exterior al Gobierno argentino, no por su gradualismo fallido, sino por ser uno de los pocos líderes políticos que prende la llama de economía de mercado en la región, además que alza la voz ante el desastre humanitario al que llegó la dictadura en Venezuela.

Por supuesto que el FMI exige acelerar el gradualismo, sin por ello sacrificar el proyecto político en pleno año electoral. De hecho, solo por el rebote en la cosecha y la nueva fórmula de indexación de los haberes previsionales que reaccionan con demora de seis meses a la inflación, las jubilaciones y la AUH estarán creciendo el año entrante casi al 30%, en un programa económico que busca una inflación del 17% en 2019. La recuperación del poder de compra de amplios sectores sociales el año entrante está contemplada en el mismo acuerdo, para llegar a las elecciones presidenciales con recuperación del consumo y de la economía.

En definitiva, el FMI otorgó un importante apoyo político a punto tal que dejó que sea el propio Gobierno quien reformule el gradualismo, pero con metas concretas y sin espacio para voluntarismos. El apoyo del FMI vino justo cuando el mercado ya le daba la espalda al Gobierno por un gradualismo que no cumplía ni sus propias metas, en un contexto donde la oposición aprovechó para hacer populismo de vieja escuela, arriados por la misma cepa que nos trajo a esta crisis.

La discusión del proyecto de ley del presupuesto del 2019 será el foco de atención de los acreedores externos. Será el momento para evaluar la voluntad de los principales partidos políticos en respetar el acuerdo con el FMI, que asegure el cronograma de desembolsos más allá de las elecciones presidenciales. El futuro no está escrito, la suerte de Argentina no depende del FMI, sino que dependerá de si el arco político deja el voluntarismo de un lado y el populismo del otro.

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Columnas publicadas en Ámbito Financiero el 14/06/2018 y en Infobae el 12/06/2018

http://www.ambito.com/924574-un-dolar-que-flote-es-parte-del-acuerdo-con-el-fmi

https://www.infobae.com/opinion/2018/06/12/recalculando-el-gradualismo-con-el-fmi/

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