Enero 2018

Monitor Macro

Argentina y el karma de la inflación

Argentina vive con inflación desde 1945. Antes no tenía inflación. De hecho, desde la revolución de mayo en 1810 hasta 1944, la inflación promedio no superó el 3% anual. Ahora bien, desde 1945 la inflación es de dos o tres dígitos, salvo contados episodios.

El salto inflacionario no se puede explicar sin recordar la creación del BCRA en 1935. Tras su inauguración, la tentación aumentar el gasto público y financiarlo emitiendo dinero fue irresistible para muchos gobiernos, lo que trajo la inflación a la economía. En efecto, cuando el BCRA cumplía su primera década de existencia, Argentina en 1945 comenzaba a vivir con una inflación de dos dígitos para nunca más volver a la estabilidad monetaria, salvo en la convertibilidad.

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El origen de la inflación es siempre el mismo. La monetización del déficit fiscal. Los 13 ceros que se le sumó al peso los últimos 74 años, sólo se explica por la monetización del déficit. Por supuesto que durante las últimas 7 décadas se recurrió a todo tipo de artilugio económico posible por frenar la inflación, pero sin nunca atacar su origen, lo que aseguró que fracase todo plan antiinflacionario.

Sin considerar los años donde se utilizaron las armas para contener los precios (que igualmente fracasaron), en los procesos democráticos los programas antinflacionarios fueron de tres tipos:

  • Pisar dólar, tarifas y demás precios en la economía, pero sin nunca frenar a la maquinita. En esta estrategia se destaca en los periodos peronistas. La combinación de pisar precios sin frenar la creación de dinero, hace que la inflación siga su curso y se creen mercados negros por doquier. La inflación no sede y el atraso del dólar termina asfixiando de dólares a la economía. La distancia entre el "país real" y el "país virtual" culmina en una brusca devaluación para acortar o anular distancias y operen nuevamente las señales de precios que permitan equilibrar los mercados.
  • Precios libres, tipo de cambio unificado y utilizar la tasa de interés como nueva ancla, pero tampoco se afloja con la creación de dinero. Destacan los periodos no peronistas. En esta nueva dinámica el BCRA busca absorber los mismos pesos que crea al financiar el fisco con crecientes tasas de interés para contener la presión inflacionaria, hasta que llega el momento que el BCRA entra en el terreno del déficit cuasifiscal. Todo termina en devaluación para licuar gastos y pasivos del BCRA y achicar la asfixiante tasa de interés que buscaba contener los precios.
  • Por último, también se recurrió al endeudamiento externo para frenar la monetización del déficit fiscal, sin reducir el déficit fiscal. Este fue la estrategia que más éxito tuvo, al menos mientras duró el financiamiento externo. Por supuesto, cuando se agota el crédito la inflación vuelve, y usualmente con mayor virulencia dado que hay que bajar el consumo privado, no sólo para financiar el gasto público, sino también los intereses de su deuda.

En definitiva, todos los programas antinflacionarios fracasaron porque ninguno reconoce el origen del problema. Mientras tanto, ríos de tinta buscan describir el árbol, pero nunca el bosque. Surgen teorías de Inflación importada, inflación de costos, inflación de demanda, inflación estacional, inflación estructural y millares más, incluso el ciclo de stop and go y la restricción externa, son todas teorías criollas que evitan el bulto: la monetización del déficit fiscal como única causa de la inflación, estancamiento y decadencia.

¿Cambiemos cambia esta historia?

El BCRA tiene las cucardas de unificar el mercado cambiario, de sortear la crisis del dólar futuro y principalmente evitar los tres dígitos de inflación en 2016. También se destaca que en estos dos años se alcanzó el mayor periodo de tiempo donde el peso flota desde que se creó el BCRA. Algo normal en el mundo, y toda una novedad en Argentina.

Ahora bien, se heredó un gran déficit fiscal y nulas reservas en el BCRA. En los primeros dos años el BCRA emitió para financiar al fisco y acumular reservas. Para financiar al fisco emitió $300 mil millones, y para duplicar las reservas, de USD25 a 55 mil millones, emitió otros $475 mil millones. Estos $775 mil millones de pesos, se esterilizó emitido Lebacs por $400 mil millones, por lo que la base se expandió en $377 mil millones en dos años. Ello implicó que la base monetaria creciera 27% en 2016 y 25% en 2017.

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Estos ritmos de emisión resultan incompatibles con las exigentes metas de inflación que la institución se impone. Más aún, la creación de dinero no la pudo contener aún elevando la tasa al 30% a 30 días, poniendo en riesgo la actividad económica e incluso el propio balance del BCRA, dejándolo a la puerta de la reaparición del déficit cuasifiscal.

En efecto, imponer crecientes tasas de interés por arriba de la inflación, muestra que el BCRA estaba cayendo en la trampa de emitir para financiar al Estado, e intentar contener su impacto inflacionario con crecientes tasas de interés, que para peor, solo puede pagar devaluando para no caer en el déficit cuasifical. Una pelea perdida.

Las tasas altas frenan la inflación, sólo si también se frena con la creación de dinero. Cosa que no sucedió en 2016 ni 2017. Es como poner la heladera al máximo, pero dejar la puerta abierta. No puede sorprender que la inflación no enfría.

Recalculando

El anuncio de nuevas metas implica reconocer que se emite para financiar al Estado y también para recomponer las saqueadas reservas. Ambos objetivos imponen un ritmo de creación de dinero, y en consecuencia de inflación, que no se logrará frenar elevando constantemente las tasas. Menos cuando elevadas tasas obligan a devaluar para que no reaparezca el déficit cuasifiscal. Por ello tasas y metas tienen que converger a un sólo número.

Para 2018, si el BCRA quiere financiar al Estado y continuar elevando las saqueadas reservas, la nueva meta del 15% se torna exigente para ambos objetivos. Pero permite tasas más bajas que no atrasen aún más el dólar, ni posterguen iniciativas de inversión.

Argentina le ganará la batalla a la inflación, sólo cuando equilibre sus cuentas públicas. Pero la tradición populista de gastar la que no hay, sumado a la viveza criolla de creer que se puede cubrir emitiendo, hasta ahora sólo nos condenó a vivir 74 años con inflación.

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Esta nota se publicó originalmente en Infobae el viernes 05/01/2018

https://www.infobae.com/opinion/2018/01/05/argentina-y-el-karma-de-la-inflacion/

Fuente Inflación 1810-1944: Orlando Ferreres - La Nación 24/06/2015

http://www.lanacion.com.ar/1804509-la-inflacion-en-cada-presidencia

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