Informe Especial - Septiembre 2020

EEUU La nueva estrategia monetaria de la FED


Desde la posguerra que Estados Unidos se transformó en la principal moneda de reserva mundial y, por tanto, cada una de sus medidas en política monetaria tiene amplias repercusiones en distintos rincones del planeta, tanto en el plano comercial como en el financiero.

El dólar mantiene dicho status privilegiado a pesar de la aparición de importantes competidores, como el Euro en los tempranos noventa o del fuerte crecimiento de la economía china y su creciente influencia global en los últimos años.

En la crisis financiera internacional de 2007/8, la FED reaccionó en forma muy activa para mitigar los efectos negativos de esa crisis sobre el nivel de actividad y el empleo: redujo fuertemente la tasa de interés de referencia a niveles hasta entonces inéditos (esto es, prácticamente nulos), inició un proceso de compras masivas de activos financieros conocido como quantitative easing que la llevó a triplicar el tamaño de su hoja de balance.

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Estas medidas monetarias acompañadas de estímulos fiscales, permitieron superar la crisis. Más aún, el continuo proceso de recuperación que le prosiguió se convirtió en el proceso de expansión de la economía real más largo del último siglo, llegando a perdurar 128 meses consecutivos. Este crecimiento económico llegó a su fin en febrero de este año cuando fue embestido por la pandemia. Cuando la tasa de desempleo estaba por debajo del 4%, luego de tantos años de crecimiento económico.

Nunca se materializaron los impulsos inflacionarios que usualmente acompañaban tanto crecimiento con bajo desempleo. La tasa de inflación se mantuvo persistentemente por debajo del 2% anual.[1]

Jay Powell, presidente de la FED desde febrero de 2018, caracterizó inicialmente esta situación como un rompecabezas. Traducido al lenguaje al enrevesado que suelen ser afectos los banqueros centrales lo especificó como "un déficit persistente de inflación respecto de nuestro objetivo a largo plazo del 2%"

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[1] El promedio de inflación anual en Estados Unidos durante la última década ha sido apenas 1,75%

Pandemia y la respuesta de la FED

La pandemia tuvo alto impacto de corto plazo sobre la economía en todos los mercados. En Estados Unidos, la economía se contrajo fuertemente y las medidas de confinamiento elevaron nuevamente la tasa de desempleo hasta los dos dígitos. Y nuevamente -como en la crisis financiera- la FED se mostró dispuesta a adoptar políticas que dejaron fuera de escala a las adoptadas en la crisis subprime. Un impresionante aumento del gasto público, como también estimulo monetario vía compra masiva de títulos públicos como privados.

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La caída del nivel de actividad del segundo trimestre fue récord en casi todo el mundo. El tercer trimestre logró recuperar buena parte de la caída, aunque la mayoría de las economías permanecen muy por debajo de su nivel pre-pandemia.

Para el caso de EEUU, las proyecciones del PBI esperan una caída del 4% para todo el año. La tasa de desempleo que antes de la pandemia estaba en menos de 3.5%, se disparó a casi 15% en su pico en el segundo trimestre, para estar en 8,4% en agosto último.

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Las medidas adoptadas por la Reserva Federal al inicio de la pandemia -y a pesar del menor nivel de actividad- empujaron hacia arriba el valor de las acciones tecnológicas y todas las que brinden servicios en los tiempos del confinamiento.

En efecto, la caída de los rendimientos de los activos de renta fija como los bonos de la deuda pública repuntó al mercado de valores, donde los inversores buscaron mayores retornos en activos un poco más riesgosos. Las acciones de las grandes compañías tecnológicas resultaron las más beneficiadas, y alcanzaron precios sin precedentes, especialmente Alphabet (Google), Amazon, Apple, Facebook, y Microsoft. El mencionado quinteto representa un quinto de la capitalización del mercado representado en el índice S&P 500.

La nueva estrategia de la FED

La FED aprovechó la coyuntura de recuperación para introducir una nueva estrategia que se supone aplicará de aquí en más para cumplir su mandato dual de máximo empleo compatible con la estabilidad de precios: la tasa de inflación tolerable no será ya un límite que opere en forma permanente sino será un promedio.

En efecto, la tasa de aumento de precios deberá permanecer por encima del 2% "por algún tiempo" (no especificado) antes que la Reserva aumente la tasa. O, dicho de otra manera, la tasa de referencia no aumentará mientras la tasa de desempleo permanezca en el entorno de su nivel actual (se espera que hacia fin de año se ubique cerca de 7.6%). Es esperable, entonces, que la política monetaria laxa continúe por tiempo prolongado, tal vez hasta bien entrado 2023. Imposible ser categórico con los tiempos, más sabiendo que los nuevos lineamientos distan de ser una fórmula matemática y ahora la autoridad se reserva para sí misma un grado importante de discreción, como forma de mantener la última palabra.

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