Informe Especial - Enero 2018

Sistema electoral norteamericano: ¿democracia real?

A veces es difícil entender cómo los Republicanos en el Congreso de los Estados Unidos, mantienen posiciones totalmente reñidas con la mayoría de la opinión pública. Mientras proponen medidas claramente impopulares, se oponen a otras ampliamente favorecidas por la población.

Por ejemplo, un trabajo de cientista político Chris Warshaw de la Universidad George Wasington citado en el Washington Post revela los siguientes niveles de aprobación popular de algunos de los temas candentes de la política de ese país:

1. Propuestas favorecidas por los legisladores Republicanos:

TEMA APROBACIÓN POPULAR

Reforma tributaria   30% 
Reforma al sistema de salud  algo más del 20%

 

2. Iniciativas a las que se oponen:

Aumento del salario mínimo   65% 
Prohibición de las armas de tipo militar  55%

 

Para entender las razones para esas discrepancias, que en condiciones normales significarían la muerte política de quienes las sostienen, es necesario conocer en primer lugar los efectos del llamado "Gerrymandering". Esta práctica, que se describe en los párrafos siguientes, afecta solo a la elección de miembros de la Cámara de Representantes (Diputados) ya que los senadores representan a todo su estado, de modo que la delimitación de las circunscripciones electorales no es relevante para ellos.

La legislación norteamericana dispone que cada diez años debe realizarse un censo poblacional, y debido a los cambios demográficos que ocurren en cada década, re-diseñar el mapa de circunscripciones electorales.

Según la ley, son las legislaturas estatales las que se ocupan del nuevo trazado después de cada censo, lo cual tradicionalmente implica mezclar objetivos políticos en la tarea, procurando asegurarse la mayoría en cada circunscripción.

Esa práctica, usual en política y aplicada por uno u otro partido cuando tuvieron la mayoría circunstancial, dio lugar a los casi inevitables abusos, entre ellos el perpetrado por Elbridge Gerry, quien como gobernador del Estado de Massachusetts, diseñó un circuito electoral tan retorcido que resultó con la forma de una mitológica salamandra (anfibio con forma de lagarto) y a partir de allí la práctica se conoce con el apodo de "Gerrymandering".

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Ahora bien, con vistas al censo del año 2000, los Republicanos llevaron a cabo una estrategia de enfocar cuantiosos recursos humanos y monetarios en asegurarse la mayoría parlamentaria en todos los estados donde ese objetivo fuera posible de lograr.

En consecuencia, ellos tuvieron el control del proceso después de los censos de 2000 y 2010, y lo aprovecharon para implementar en su favor el gerrymandering en todo lo materialmente posible, en perjuicio de los Demócratas.

Una vez logrado ese objetivo, hicieron del "gerrymandering" un verdadero arte, aplicándolo en todas las formas posibles, ya sea: 1) distribuyendo los votantes Republicanos de modo de asignar a cada circunscripción la cantidad necesaria para asegurarse la mayoría en cada uno de ellos, o 2) diluyendo los votantes Demócratas al distribuirlos entre distritos de clara mayoría Republicana, o 3) concentrándolos fuertemente en otro hasta hacerlos redundantes.

Un ejemplo de ello es una circunscripción del norte de Austin, Texas, donde solía ganar fácilmente un Diputado progresista, llamado Lloyd Doggett. Quitaron de la misma buena parte del área que cubría en Austin y la reemplazaron con otras áreas sin nada en común con las originales, llegando hasta el condado de Harris, al cual pertenece Houston, que se encuentra a 250 kilómetros de distancia.

Otro ejemplo de los resultados del gerrymandering es la elección de 2016 en el estado de Virginia, donde los Demócratas obtuvieron 1,86 millones de votos contra 1,84 de los Republicanos que, pese a ello se adjudicaron 7 bancas de diputados contra 4 De los Demócratas.

Las ilustraciones siguientes muestran el increíble diseño de dos circunscripciones electorales en Pensylvania y una en Michigan

tabla02

Sin duda que se trata de una práctica perniciosa que atenta contra la calidad del proceso democrático al permitir que los políticos elijan a sus electores, exactamente al revés de lo que una verdadera democracia exige. Sería lógico que en una verdadera democracia el diseño del mapa electoral estuviera a cargo de profesionales independientes y basado en pautas objetivas en cuanto a cantidad de electores en cada circunscripción, unidad geográfica y, sobre todo, comunidad cultural y de intereses de los mismos en cada circunscripción.

Si bien en algunos casos los jueces han fallado en contra del resultado del gerrymandering y ordenado a las legislaturas modificar los mismos, la responsabilidad final recae en estas, que tratan de producir distritos menos ofensivos pero con resultados similares. Una Corte federal en North Carolina acaba de declarar inconstitucional el trazado de una circunscripción electoral por considerarlo claramente partidista y ordenó su rediseño. Un trazado previo había sido rechazado por la Justicia por su fuerte sesgo racista.

La práctica descripta en el párrafo anterior generó un alto número de circunscripciones con mayoría Republicana, donde el pre-candidato que gana las primarias del partido tiene casi asegurada la elección final. De ese modo, las primarias pasan a tener más peso que la misma elección. Por otra parte, el porcentaje de votantes, bastante reducido en las elecciones generales, es aún menor en las primarias sobre todo en las de medio término, donde votan fundamentalmente los más activistas, que en el caso Republicano son los de la extrema derecha.

Como consecuencia de lo expuesto, para los legisladores ansiosos de ganar su reelección cada dos años, las primarias son mucho más críticas que las elecciones generales y por lo tanto tratan de implementar políticas favorecidas por esos grupos que, aunque minoritarios, deciden el resultado de las primarias, aunque esas políticas no cuenten con el apoyo de la mayoría del pueblo.

Y es precisamente esa marcada influencia de los activistas en las primarias lo que explica las posiciones de los Senadores Republicanos que, aunque menos extremas que las de los Diputados, tampoco reflejan la opinión popular. El temor a tal influencia ha llevado a que dos senadores moderados (Bob Corker y Jeff Flake) hayan anunciado que no buscarán la reelección porque no esperan ganar sus respectivas primarias.

En resumen, por un lado la práctica del gerrymandering y por otro la abstención ciudadana y la influencia de los extremistas, dañan seriamente el proceso democrático norteamericano y propician la adopción de medidas impopulares que afectan la credibilidad del mismo.

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