Octubre 2015

Monitor Macro

2016: gradualismo con shock

Gradualismo o shock fueron las palabras elegidas para distinguir las diferencias de política económica entre las dos opciones de Gobierno que se enfrentarán en el ballotage del 22 de noviembre. Al margen del juego de palabras, vale advertir que ambas contemplan implícitamente como encarar la agenda del ajuste: si de manera gradual o con un shock. Es que la economía acumuló distorsiones tan evidentes y de magnitudes tan significativas los últimos años, que ya nadie discute la necesidad de un ajuste, sino la forma y/o los tiempos para llevarlos a cabo.

La economía está a punto de quedarse sin financiamiento para sostener el nivel de actividad. Sin saldo comercial, sin financiamiento externo y agotando a toda máquina las pocas reservas que quedan hasta el 10 de diciembre. Netas del Swap Chino las reservas del BCRA no superarán los USD 13.000 millones al 10 de diciembre, equivalente a poco más de 2% del PBI. Vale advertir que Brasil dispone reservas por 20% puntos del PBI, además de financiamiento externo y ya arrancó el ajuste.

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Sin importar el Gobierno que se imponga el 22 de noviembre, ninguno podrá demorar el ajuste que permita cortar la dinámica y evite el choque de agotar las reservas. Para peor, no sólo no dispone de tiempo, tampoco dispondrá de un prudente margen de error que asegure pleno control de la macro una vez lanzado el proceso de ajuste.

Cada equipo económico confía que su opción de ajuste es la óptima para atacar en poco tiempo muchos frentes, y al mismo tiempo caer bien parado políticamente. Una carambola macroeconómica.

Desde el pizarrón, la opción gradualista pareciera que busca dosificar el ajuste para minimizar el impacto político y social, pero al costo de no tener la certeza de solucionar los problemas económicos de fondo. La agenda del shock pareciera que busca asegurarse solucionar rápidamente los problemas de fondo, sin tener la certeza de lograr dosificar el impacto político y social. Uno corre el riesgo de quedarse corto, y el otro de pasarse de largo.

Es claro que ninguno de los dos caminos asegura el éxito y/o gobernabilidad en el proceso de ajuste. Desde el pizarrón a la realidad, hay un sinfín de imponderables que pueden desencadenar que el ajuste quede rápidamente obsoleto y/o descalzado de los tiempos políticos.

En definitiva, agotados todos los colchones macroeconómicos, con sólo dos pasos en falsos y algo de mala suerte, bien puede que los tiempos y magnitud del ajuste ya no los maneje el Gobierno, sino que lo imponga el mercado, con el impacto político y/o social que implica.

Ahora bien mirando las hojas de ruta, no sólo ambas recetas implican ajuste, sino que tienen el mismo objetivo e incluso las mismas medidas. Sólo se diferencian en los tiempos. Gradualismo o shock.

Ambas agendas coinciden en unificar el mercado de cambios, subir las tasas de interés, solucionar el conflicto externo y colocar deuda, disminuir retenciones y rever la política de subsidios. Entre otras medidas económicas.

Todas las medidas que se analizan son recesivas. Mucho o poco, dependerá de la magnitud que se elija, pero recesivas. Hacer ajuste fiscal, cambiario y monetario en simultáneo, sin duda pone la macro en terreno recesivo. El arranque del 2014 es una muestra gratis del mismo paquete (devaluación +22%, tarifas +200%, tasas +100%), y el PBI descendió cerca de 2% según estimaciones privadas.

No es la primera vez que Argentina se encuentra en esta situación. Pisar dólar y tarifas, e intentar financiar las inconsistencias que se generan con deuda externa, reservas y/o venta de patrimonio público, es la receta preludio de casi todas las crisis argentinas, por no decir todas.

Con las reservas que no superan los 3 puntos del PBI, conseguir financiamiento para evitar un brusco ajuste del consumo, estará en el tope de cualquier agenda del próximo Gobierno. La agenda del gradualismo pone sus fichas en un generoso blanqueo de capitales, que permita financiar el consumo mientras se negocia con los holdouts. Por su parte, la agenda shock prioriza "negociar" en tiempo récord con los holdouts, para asegurarse rápidamente el acceso a los mercados y luego potenciar el ingreso de dólares con un blanqueo. Ambas incluyen volver a los organismos internacionales, unos arrancando por el FMI, otros por el Banco mundial.

El riesgo no sólo es que los tiempos de negociación con los holdouts sean mayores a lo que la economía necesita, sino que ante la desesperación por volver a los mercados financieros y no perder las riendas del mercado cambiario, se logre un mal acuerdo, tal como sucedió con el Club de París.

En definitiva, Argentina aprovechó el boom de los commodities para recuperarse rápidamente de la crisis del 2001. Los dólares de la soja permitieron financiar el consumo, desendeudarse notablemente e incluso acumular reservas hasta el 2011. A partir del 2012 las exportaciones dejaron de crecer e incluso empezaron a caer. Para evitar el ajuste, el Gobierno empezó a vivir de las reservas acumuladas en los años mozos del modelo, administradas con cepo. Los 53 mil millones de reservas más el decreciente saldo comercial, permitió mantener los niveles de consumo y evitar el ajuste por 4 años, al costo de aumentar todas las distorsiones macroeconómicas en el camino.

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El Gobierno saliente que por años ostentó con los superávit gemelos, el tipo de cambio competitivo y el crecimiento a tasas chinas, se va con déficit gemelos, tipo de cambio atrasado y una economía estancada hace 4 años.

Argentina llega al 2016 con un modelo económico agotado en un contexto externo mucho más adverso. Las exportaciones no son 84 mil millones como en 2011, sino que este año cierran en 60 mil millones y todavía en nivel de consumo ni se enteró, dado que se usaron las reservas para cubrir la diferencia.

Sea gradualismo o shock, en Econométrica trabajamos con un escenario recesivo para el año entrante. La devaluación en el arranque del año, sumado a la suba de tasas de interés como de tarifas, es el inicio de ambas agendas. Los dólares financieros llegarán, pero algo más tarde de lo que esperan, y no necesariamente en la magnitud que desean. Pese al escenario recesivo que proyectamos, no esperamos una crisis y existe una importante posibilidad de rebote en 2017.

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