Informe Macro - Abril 2017

El desafío después del blanqueo

El reciente blanqueo de capitales alcanzó un récord de USD116.800 millones, magnitud equivalente a 21% del PBI.

El 80% de los activos que ingresaron al sinceramiento fiscal fueron activos que están en el exterior y sumaron USD 93.300 millones, repartidos entre cuentas bancarias, inmuebles y otras inversiones. El 20% restante fueron activos que están fronteras adentro por un total de USD 23.500 millones, de los cuales USD 10.500 millones fueron propiedades y USD 7.600 millones fue efectivo.

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El monto del blanqueo fácilmente permite rotular el sinceramiento fiscal como un éxito local e incluso internacional. Ahora bien, dos factores permitieron lograr tan buenos resultados:

• El primer factor fue el contexto internacional, donde las principales plazas financieras cada vez exigen mayor información del origen de los fondos a no residentes.

• El segundo factor fue local. El sinceramiento fiscal no exigía traer el dinero blanqueado al país. De hecho, en abrumadora mayoría quienes blanquearon optaron por pagar la penalidad del 10% en efectivo y dejar sus activos en el exterior. Pocos optaron por opciones de menor costo económico, pero que exigían la compra de títulos del Gobierno, entre otras opciones. Como casi todos optaron por pagar la penalidad, el fisco recaudó ingresos por 1.7% del PBI en efectivo, magnitud que fue récord de cualquier blanqueo realizado en el mundo.

Ahorro y sistema financiero

El blanqueo también expone crudamente la realidad que los argentinos ahorran fuera de Argentina. Simple, hay más depósitos de residentes en el exterior, que en todo el sistema financiero local.

Los depósitos del sector privado en todas las monedas suman 19% del PBI. Sólo con lo sincerado que argentinos disponen en el exterior, el sistema financiero local podría ser del doble de tamaño.

Vale recordar que los depósitos imponen un techo a la capacidad crediticia de los Bancos. En Argentina en particular, el crédito a privados en todas las monedas representa sólo 13% del PBI, el resto está principalmente depositado en las Lebacs y otros pasivos del BCRA (6% del PBI). Pero Argentina suma otra peculiaridad, no sólo tiene pocos depósitos, sino que todos son a muy corto plazo. Este fondeo deja escaso margen a los bancos para tener una cartera de préstamos orientada a la inversión, y terminan focalizando su rentabilidad en el financiamiento de consumo de corto plazo.

En países desarrollados los sistemas financieros superan fácilmente el 100% del PBI. En Latinoamérica sólo Chile tiene una cartera de crédito a privados superior al 100% del PBI. Le sigue Brasil con una cartera del 68% del PBI (aunque con fondos y tasas subsidiadas por el Estado), Colombia dispone de créditos a privados del 47% del PBI, México una del 33% del PBI. Lejos de todo parangón internacional, Argentina dispone de una cartera de sólo 13% del PBI, y años atrás no llegaba a los dos dígitos.

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Fuga y blanqueo

Argentina es un país con marcada inestabilidad macroeconómica, donde el ahorrista en muchas de las crisis culminó con grandes pérdidas patrimoniales. Para evitar ser afectado nuevamente, el ahorrista empezó a buscar resguardo en ladrillo y/o activos del exterior.
A modo de ejemplo, este año el Banco Central advirtió que quien hubiera realizado un depósito a principios de 1980 en el sistema financiero local, hoy tendría menos del 1,5% de todo su capital . Las tasas de interés de los depósitos nunca cubren la inflación, dejando una tasa de interés negativa como característica del sistema financiero local.

Pero la situación es todavía peor, ese 1,5% tendría que haber sobrevivido a la incautación de los depósitos (Bonex y Corralón), a la hiperinflación, a default varios, a la pesificación, a la estatización de las AFJP, a la manipulación del CER y a la última estafa al ahorrista: el CEPO. Todos estos eventos no existen en el exterior, o por lo menos no todos en tan poco tiempo en un solo país.

Desde la frase "¿quién ha visto un dólar?" que el presidente Perón desafió en su primera presidencia a la fecha, los residentes fueron destinando al exterior buena parte de su ahorro a medida que las crisis se tornaban crónicas. Según estimaciones oficiales que surgen de cuentas nacionales, el sector privado en 1991 ya disponía de USD50 mil millones en el exterior. Una década más tarde ese monto se había duplicado a poco más de USD100 mil millones en 2001, a una fuga promedio de USD 5.100 millones por año.

Tras las crisis del 2001, la fuga de capitales se intensificó a USD 9.400 millones por año, para alcanzar en 2015 un stock de activos externos de USD 232 mil millones, equivalente a un stock de 42% del PBI.

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El reciente blanqueo permitió sincerar USD 101,7 mil millones de activos externos, elevando un 500% el monto total declarado fuera del país y sujeto a pagos de impuestos. La base imponible de bienes personales en el exterior pasó de USD 19 mil millones, a un total de USD 113 mil millones. La recaudación se elevará en cerca de USD 600 millones, entre bienes personales y ganancias.

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Según los números oficiales todavía quedarían otros USD 110 mil millones por declarar, aunque estimaciones privadas con facilidad duplican ese número, con sólo suponer alguna rentabilidad libre de riesgo sobre el capital.

Volver

Para que vuelva el ahorro que argentinos tienen en el exterior, hay que revertir la condición que lo ahuyentó. Esto es, la voracidad fiscal de un Estado estructuralmente grande y deficitario, que en las crisis utilizó al ahorro privado como última vía de financiamiento.
La historia mostró que cuando ya no alcanzaron los impuestos, ni la toma de deuda, ni la venta de empresas, ni las reservas del BCRA, el Estado encuentra la manera para llegar al ahorro privado.

Todas las crisis económicas desde el Rodrigazo a la fecha donde el ahorrista vio licuar sus ahorros, fueron estafas que perpetró el propio Estado. Fue el Estado quien impuso por décadas tasas de interés negativas, el que vía inflación licuó los ahorros, el que incautó los depósitos, el que impuso el corralito, el que defaulteó los bonos, el que pesificó ahorros, el que expropió los aportes a las AFJP, el que manipuló el CER y quien impuso el CEPO.

El estructural déficit fiscal terminó en eventos donde el ahorrista perdió al menos parte de su capital, para financiar compulsivamente a un Estado quebrado.
Todas estas crisis que afectaron al ahorrista llevaron a que los argentinos ahorren en el exterior, generando un sistema financiero local casi reducido a lo transaccional ante el bajo nivel de depósitos que maneja. Más aún, parte de los depósitos se lo presta al propio Estado, dejando todavía menos margen para el financiamiento de proyectos privados.

El bajo nivel de ahorro interno lleva al gobierno a buscar financiamiento en el exterior. No es de sorprender que parte de la deuda que coloca el gobierno argentino en el exterior, la compran los mismos argentinos, pero con el resguardo legal de NY y lejos de la corte local. El poder judicial sentenció como "constitucional" muchas de las apropiaciones que el Estado hizo del ahorro privado.

El actual Gobierno heredó la mayor sobredimensión del Estado en la historia argentina alcanzando los 47% del PBI (estimación oficial realizada en 2016) y con uno de los mayores déficits fiscales que dejó un gobierno, 8% del PBI (6% Nación + 2% provincias).

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En contraste, el FMI recientemente informó que las principales economías del mundo nucleadas en el G7 (EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) cerraron el 2016 con un déficit fiscal promedio de 3,5% del PBI.

También informó que México, Perú, Colombia o Chile son economías donde el déficit fiscal no supera los 3,4% del PBI.

En el otro extremo, Venezuela cerró el 2016 con un déficit fiscal de 15% del PBI, Brasil con un rojo de 9% del PBI, Argentina del 8% y Ecuador del 7%.

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Los déficits fiscales cercanos a 3% del PBI en economías desarrolladas, no es casualidad. Sólo un déficit fiscal similar a la tasa de crecimiento potencial de la economía, asegura estabilidad del ratio deuda pública/PBI.

Argentina con tasas de inversión tan bajas los últimos años (15% del PBI), afectó significativamente su tasa de crecimiento potencial de la economía, reduciendo el déficit fiscal dinámicamente sostenible.

En definitiva, desde el Rodrigazo a la hiper, o desde el default al CEPO, el trasfondo es siempre el mismo: crisis de financiamiento del Estado. Sobra evidencia que las cuentas públicas sanas reducen la posibilidad de nuevas crisis económicas. Será ahí cuando el sector privado en vez de preocuparse por donde esconder sus ahorros, se preocupe por dónde invertirlos.

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