Informe Especial - Mayo 2017

El plan de reforma tributaria de Donald Trump

Un par de días antes de cumplir los primeros 100 de su presidencia, Donald Trump, luego de crear gran expectativa, develó su anunciado plan de reforma tributaria.

Para sorpresa y desazón de la mayoría de los observadores políticos, el plan consistió en menos de 250 palabras, en poco más de una página, a doble espacio y con márgenes generosos, con la enunciación de sus objetivos tributarios y sin elaborar en detalles sobre su impacto presupuestario ni el efecto sobre los distintos segmentos de la población.

La opinión de algunos comentaristas televisivos, que comparto, es que ese documento es tan carente de detalles y de estimaciones de su impacto potencial, que podría haberse hecho público en las primeras horas de la Administración Trump.

Ante todo, es necesario aclarar que no me considero un experto en temas tributarios. Sin embargo, la mera enunciación de los grandes rasgos de su propuesta permite inferir que los grandes beneficiaros serán los sectores más privilegiados. En cambio, no queda nada claro si los sectores medios y bajos recibirán algún beneficio. Nicholas Kristof, un reputado periodista escribió una página de opinión en el New York Times titulada "Esto no es Política Tributaria: es un Robo Liderado por Donald Trump".

Una importante medida incluida en el plan representa el cumplimiento de una promesa de campaña, consistente en rebajar el impuesto a las ganancias de las empresas del 35% actual al 15%. Además de los argumentos sobre doble imposición, al gravar los beneficios de las empresas y luego los de sus accionistas, se sostiene que con esta medida las empresas invertirán más, favoreciendo el crecimiento económico y el empleo. Si bien es cierto que la reducción en la tasa del gravamen constituye un aliciente para la inversión, eso no garantiza que el ahorro impositivo se dedique a la inversión a menos que exista un ambiente económico y político predecible y estable. Por otra parte, de acuerdo con el Centro para la Justicia Tributaria (Tax Justice Center) la tasa efectiva promedio para las corporaciones es del 14%, al utilizar todos los subterfugios que permite la ley actual. Más aun, empresas como Boeing, General Electric, Verizon, y Priceline no pagaron nada de impuesto a los ingresos en cinco años.

En cambio, otra de las propuestas beneficiaría a los contribuyentes con ingresos medios, US$45.000 anuales por ejemplo, y consiste en duplicar el monto de la deducción standard. La forma en que esta opera es que permite deducir de los ingresos imponibles una suma fija, como opción en lugar de computar deducciones itemizadas y debidamente documentadas. Dado que ese grupo de contribuyentes usualmente no itemiza por no tener suficientes deducciones, esta duplicación es un claro beneficio. Pese a ello, el Ministro de Finanzas no quiso prometer que el plan no implicara mayor impuesto para la clase media, posiblemente por el impacto negativo de otras de las medidas contempladas.

Al otro lado del espectro, la propuesta de eliminar el llamado "Alternative Minimum Tax" o Impuesto Mínimo Alternativo, es un claro beneficio para los más pudientes. Se trata de un mecanismo por el cual se busca evitar que se reduzca significativamente el impuesto sobre los ingresos mediante grandes deducciones. Esta propuesta ha recibido fuertes críticas que citan como ejemplo de los beneficios a los más pudientes la única declaración de impuestos del Presidente que se conoce hasta la fecha, correspondiente al año 2005. Según esta declaración, Trump hubiera pagado 5 millones de dólares de impuesto si las correcciones para el impuesto alternativo no hubieran elevado su obligación tributaria a 31 millones.

Si bien esta crítica es valedera, sorprende que no se haya prestado similar atención a una propuesta mucho más impactante: la eliminación del impuesto sucesorio, lo cual beneficiaria claramente a las herencias de grandes fortunas. Basta señalar que el actual mínimo imponible es de cinco millones de dólares para un individuo, y que para un matrimonio ese mínimo se eleva a 10 millones. Y es mucho más sorprendente que, mientras se pone énfasis en un impuesto adicional de 26 millones por el impuesto mínimo alternativo, no se haya destacado un conflicto de intereses mucho más serio: de ser ciertas las declaraciones del mismo Trump, que asegura que el valor de su patrimonio es de diez mil millones de dólares, la eliminación del impuesto sucesorio beneficiaria enormemente a sus eventuales herederos por cuanto su sucesión evitaría un impuesto de más de cuatro mil millones!

Una de las publicitadas virtudes del plan es la simplificación del sistema. No cabe duda de que la eliminación de numerosas y complicadas deducciones debería conducir a un sistema más claro y simple. Sin embargo, el ejemplo que se usa para elogiar la propuesta es la reducción de las escalas tributarias de siete niveles actuales a solo tres.

Las tasas marginales actuales son:

10%, 25%, 28%, 33%, 35%, 39,5%

Y las propuestas en el plan:

15%, 25%, 35%

Como puede observarse, esa reducción en los escalones tributarios incrementa la tasa del primer segmento del 10 al 15%, mientras rebaja la alícuota para los más altos ingresos de 39,5% a 35%.

Además, parece una total ingenuidad sugerir que identificar la tasa marginal y el cálculo del impuesto correspondiente a un determinado contribuyente en una tabla con tres renglones es sensiblemente más simple que hacerlo con una tabla de siete renglones. Por otra parte parece "algo exagerado" sugerir que después de la reforma la mayoría de los contribuyentes podrían presentar su declaración jurada en una página del tamaño de una tarjeta postal.

Finalmente, estimaciones privadas calculan que el plan enunciado incrementaría el déficit fiscal en unos 6 billones de dólares en los próximos diez años (6 trillones en la nomenclatura de los Estados Unidos) y 20 billones en 2036. Los voceros del gobierno aseguran que esos déficits se financiarían en parte eliminando la deducción por los impuestos estatales y locales y, mayoritariamente, con los recursos adicionales que produciría el crecimiento económico resultante del plan.

Mientras la eliminación de las mencionadas deducciones enfrenta desde ya una fuerte oposición de los estados afectados, las experiencias históricas con "trickle down economics", donde supuestamente los beneficios a los más altos ingresos generan más crecimiento y se derraman a los niveles inferiores, no parecen justificar tal optimismo. El ejemplo utilizado en apoyo de esa teoría es la rebaja impositiva de Ronald Reagan, durante cuya presidencia la economía experimentó un fuerte crecimiento. Aunque los críticos señalan que la reforma impositiva de Reagan fue acompañada de otros factores importantes de crecimiento, como la significativa baja en las tasas de interés y los abultados gastos militares del final de la guerra fría. De todos modos, el final de su gobierno dejo un fuerte déficit fiscal y llevo al incumplimiento de la promesa de George Bush padre ("lean mis labios, no aumentare los impuestos") que se considera el motivo principal de la derrota electoral de este último.

Queda por ver si la Administración Trump enviará al Congreso un proyecto con más detalles y cuál será la reacción de los legisladores Republicanos. Es irónico que las únicas críticas hasta el momento se centraron en la eliminación de algunas deducciones. Esas críticas fueron tímidamente formuladas por representantes cuyos electores serían afectados por tal eliminación y con los ojos puestos en las elecciones de 2018. Mientras tanto, la gran mayoría de los legisladores, que se rasgaban las vestiduras en su preocupación por el déficit y la deuda pública oponiéndose con fuerza ante los intentos de Obama de aumentar las inversiones en infraestructura, ahora son entusiastas partidarios de "dynamic scoring" del plan tributario, que significa aducir que puede financiarse con el crecimiento que, según ellos, habrá de generar.

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