Informe Especial - Febrero 2017

Trump: preguntas intrigantes, respuestas alarmantes

La sorpresiva elección de Donald J. Trump a la presidencia de los Estados Unidos planteaba una serie de interrogantes emergentes de sus altisonantes declaraciones durante las primarias del partido Republicano y la campaña presidencial.

Las medidas y propuestas desde su triunfo electoral y luego de asumir la presidencia dan una respuesta alarmante a varios de esos interrogantes y anuncian una presidencia plena de conflictos tanto en el plano político interno como en las relaciones internacionales.

Es posible que sea algo precipitado analizar las acciones del nuevo Presidente a solo dos semanas de asumir el cargo, pero la avalancha de noticias genera fundada preocupación y justifica el tratar de resumirlas en un enfoque global.

Las primeras señales surgen de las nominaciones para miembros de su gabinete, algunas de las cuales parecen diseñadas para destruir las carteras respectivas. Por ejemplo, el ex Gobernador de Texas, Rick Perry, a cargo de la Secretaria (Ministerio) de energía, por cuya eliminación abogaba durante los debates en las primarias Republicanas cuando dio lugar a muchas burlas al no recordar su nombre (el famoso oops!).

O la multimillonaria Betsy DeVos, partidaria de usar fondos de la educación pública para financiar vouchers a entidades privadas e irónicamente criticada por favorecer la presencia de armas en las escuelas, citando como posible justificativo la defensa contra posibles ataques de osos grizzli.

La larga lista continua con el nominado Secretario de Trabajo, dueño de una cadena de comida chatarra, que se opone al aumento del salario mínimo a US$15 por hora; Jeff Sessions como Fiscal General (Attorney General), cuya nominación años atrás como juez federal fue rechazada por el Senado por sus comentarios racistas y que se opone a una reforma integral del sistema migratorio; Scott Pruitt en la Agencia de Protección Ambiental a la cual inicio juicio 14 veces por adoptar algunas regulaciones; etc., etc.

A todas esas nominaciones se agrega la reorganización del Consejo Nacional de Seguridad, designando al supremacista blanco (white supremacist) Steve Bannon como miembro permanente, mientras deja fuera al jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas (Chairman of the Joint Chefs of Staff) y a importantes expertos de la oficina de Seguridad Nacional, quienes solo asistirán cuando se traten ciertos temas. La politización del Consejo Nacional de Seguridad con la inclusión del principal asesor político del Presidente despertó fuertes críticas de Demócratas, observadores independientes, y de algunos prominentes Republicanos, como los Senadores John McCain y Susan Collins.

Al conocerse el triunfo electoral de Trump, se creó la duda de si a mayoría Republicana en el Congreso apoyaría sus iniciativas, en particular sobre fuertes rebajas de impuestos y aumentos en el gasto e inversión pública. Si bien esos temas no han sido todavía tratados, un indicio preocupante es el casi unánime apoyo del a sus nominaciones ministeriales y en cargos importantes de la Administración. Al extremo de que, ante el boicot de los Demócratas al tratamiento en Comisiones de algunos nombramientos, los líderes Republicanos del Senado recurrieron a la extrema medida de suspender la regla que obliga a tratar esos temas con la presencia de al menos un representante de la minoría, y procedieron a aprobar los mismos y enviarlos al plenario para su tratamiento.

Otra alarmante faceta de su incipiente gestión es la sistemática confrontación con todo aquel que lo critique o este en desacuerdo con sus acciones y su actitud respecto a la libertad de expresión. Así, acusa a los medios de ser la verdadera oposición y catalogar a los periodistas como "la gente más deshonesta del mundo", identificándolos por nombre frente a los asistentes a sus eventos, o prohibiendo la concurrencia de CNN. También su anuncio de modificar las normas sobre difamación (libel) para permitir iniciar juicio a sus críticos, intimidándolos con la amenaza de costosos litigios que podrían llevarlos a la quiebra. A todo eso hay que agregar la amenaza de cortar los fondos federales a la Universidad de Berkeley si no evitan las manifestaciones como la reciente protesta contra un discurso del extremista director de Breitbar, un sitio internet que pregona la supremacía de los blancos, antes dirigido por Steve Bannon, el principal asesor político de Trump.

Una de sus repetidas promesas de campaña, fue construir un muro a lo largo de la frontera con México, y hacer que el vecino país pague su costo. Ante las reiteradas afirmaciones del gobierno Mexicano de que ese país no pagaría dicho costo, propuso financiarlo con un recargo del 20% a las importaciones desde ese país, como forma de que los mexicanos lo paguen. Además de mostrar una completa ignorancia de la Microeconomía (las tarifas aduaneras se trasladan al costo que pagan los consumidores domésticos) parece soslayar las consecuencias de una guerra comercial.

Pero las torpezas en el plano internacional no quedan allí. Según trascendidos, interrumpió abruptamente una comunicación telefónica con el Primer Ministro de Australia, uno de los más confiables aliados de los Estados Unidos, al no ponerse de acuerdo en su intento de renegar del compromiso asumido por su predecesor, el Presidente Obama de aceptar la reubicación de 1250 refugiados. Además, amenazó por teléfono al Presidente de México con enviar tropas de los Estados Unidos a ese país si el mismo no tomaba ciertas acciones para acabar con "bad hombres".

Otro tema conflictivo en el plano internacional surgió de una reciente Orden Ejecutiva que fue interpretada por la opinión pública domestica e internacional como cumplimiento parcial de su promesa de total prohibición de inmigración musulmana al prohibir por 90 días el ingreso al país de personas provenientes de 7 países de población en su mayoría musulmana así como suspender indefinidamente la entrada de refugiados sirios. Si bien Trump se refirió a dicha orden como una prohibición, la reacción mundial y las masivas demostraciones forzaron a sus colaboradores a negar que se trate de una prohibición, aunque con argumentos poco convincentes. La reacción fue agravada por afirmaciones de Trump de que se daría prioridad a refugiados cristianos, lo que se considera inconstitucional en los Estados Unidos al discriminar sobre bases religiosas.

Pero si la orden puede defenderse por razones de seguridad, la implementación revela una alarmante improvisación y dio lugar a situaciones condenadas casi unánimemente por la opinión pública. Además del caos generalizado en los principales aeropuertos donde las autoridades a cargo de ejecutar la orden carecían de instrucciones al respecto, hubo casos de personas con tarjeta de residente permanente o visa valida, otorgada por autoridades competentes, que fueron detenidas en los aeropuertos y, en algunos casos, deportadas.

Un caso notable fue el de un traductor iraquí, que trabajo por diez años junto a las tropas norteamericanas en su país, y cuyo ingreso no fue permitido pese a viajar con toda su familia y haber vendido su casa y a que sus hijos habían abandonado su escuela en Iraq. Tan increíble nivel de improvisación da lugar a dudas de si pese a su reputación como exitoso hombre de negocios el Presidente acompaña su fama de gran negociador con aptitud para manejar el país más grande del mundo, asegurando una efectiva coordinación de quienes tiene a cargo implementar sus políticas.

Todas las polémicas despertadas por los temas precedentes han relegado a un segundo plano las preocupaciones por la negativa de Trump a hacer públicas sus declaraciones impositivas, rompiendo con una tradición observada por sus predecesores, lo cual imposibilita conocer potenciales conflictos de interés en sus decisiones, a lo que se agrega su propósito de mantener su interés en sus negocios, limitándose a apartarse de su conducción directa, que delega en sus hijos, en lugar de crear un "blind trust", como era la norma tradicional para asegurar transparencia.

Parece difícil dar por terminada la reseña precedente, dado que cada día aparece un nuevo tema de preocupación, como la actitud ante Irán, que amenaza con frustrar el laborioso acuerdo sobre desarrollo nuclear con la imposición de nuevas sanciones y hasta un posible ataque militar. Pero eso deberá quedar para más adelante.

En resumen, los pocos días transcurridos de la Presidencia de Donald Trump sugieren un periodo agitado, con conflictos domésticos e internacionales con un mandatario autoritario e intolerante de cualquier crítica.

Roberto Salomón

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