Informe Especial - Octubre 2015

La salida de la crisis cambiaria y su impacto social

La premisa básica del presente trabajo es que la situación del sector externo es insostenible y demandará una solución por parte del Gobierno que surja de las próximas elecciones, suponiendo que el mercado no la imponga antes de las mismas.

En efecto, las bajas reservas del Banco Central (27,5MM), las limitaciones a la disponibilidad de los fondos del swap chino, los compromisos de deuda existentes, y la lenta pero persistente pérdida diaria de reservas, de alrededor de USD 100M diarios significan que las nuevas autoridades deberán tomar medidas urgentes para resolver la situación cambiaria.

Asimismo, el retraso cambiario para las operaciones de comercio exterior lleva a una significativa pérdida de competitividad de la economía y afecta la rentabilidad de varios sectores de la misma.

tabla01

A fin de simplificar la discusión y basado en la convicción de que las nuevas autoridades tratarán de resolver el problema del sector externo antes de encarar los también serios problemas fiscales, este trabajo se centra en la posible salida cambiaria.

Cabe señalar que el éxito de toda acción sobre el tipo de cambio y las condiciones del comercio exterior depende de que vaya acompañada de medidas tendientes a terminar con el aislamiento respecto de la comunidad financiera internacional, especialmente organismos multilaterales. Sin ellas, será difícil generar el necesario flujo de inversiones necesario para superar la situación actual. La negociación con los fondos buitres y el acatamiento de las normas internacionales ocupan un lugar preponderante entre tales medidas.

SERAN MUY DISTINTOS LOS RESULTADOS?

La discusión en los medios periodísticos se centra en si esa salida será gradual o mediante un shock. En mi opinión, esa discusión es menos relevante de lo que parece. Algunos economistas, definen el shock como el resultado final de los intentos gradualistas. En efecto, los agentes económicos anticipan los próximos pasos del gradualismo y toman acciones (anticipo de importaciones, retención de exportaciones, compras de moneda extranjera) con resultados similares a los del shock, pese a las intenciones gradualistas de las autoridades. Los antecedentes históricos de acciones gradualistas que terminaron en shock, así como la racionalidad de los agentes económicos apoyan esa percepción. El impacto de cualquier corrección será más suave si va acompañado de un acuerdo con las grandes empresas de postergar en el tiempo las remesas de utilidades y dividendos atrasadas por las actuales restricciones.

La ventaja política del shock es que permite acelerar el tiempo del ajuste cambiario, reducir la incertidumbre, con el consiguiente efecto sobre las inversiones de capital, y enfocar la atención en el problema fiscal. Por otra parte, el shock cambiario conlleva el peligro de que si no va acompañado de un plan coherente, con un conjunto de medidas y anuncios que produzcan un cambio en las expectativas, puede generar un "overshooting" y una explosión en los mercados.

Es cierto que existe una alternativa intermedia consistente en desdoblar el mercado cambiario, con tipos diferentes para las operaciones comerciales y las financieras, pero las dificultades de fijar administrativamente el valor de las divisas y las inevitables filtraciones entre ambos mercados hacen esa opción insostenible en el mediano plazo. Además, el retraso del tipo de cambio para las operaciones comerciales requerirá un ajuste no menor del 20%, con los consiguientes efectos sociales.

Por los motivos precedentes, si se acepta que resolver el desequilibrio del sector externo es urgente e impostergable, y que la alternativa shock/gradualismo terminará en un resultado similar, parece tanto o más relevante enfocar el análisis y generar una discusión sobre los probables efectos sociales de la salida cambiaria, tema que no parece haber recibido suficiente atención.

Bajos esos supuestos, es de esperar que luego de un no muy largo periodo de ajuste tanto el enfoque gradualista como el de shock conducirían a la estabilidad del régimen cambiario. Aunque predecir el futuro es siempre difícil, y más aun con las actuales distorsiones en los mercados y la fuerte influencia de nuestra situación internacional, coincido con la opinión prevaleciente de que un ambiente de mayor confianza y mayor certidumbre futura produciría un dólar de entre 12 y 13 pesos, es decir, por debajo del actual dólar "blue". En la medida que las acciones cambiarias vayan acompañadas de un plan coherente y garantías de seguridad personal, jurídica e institucional, el impacto final sobre el tipo de cambio será más moderado.

tabla02

Dado que el valor esperado para Diciembre es de alrededor de 10 pesos por dólar, eso implica oficializar una devaluación del 20 al 30% para las operaciones comerciales. Una devaluación de tal magnitud va usualmente acompañada de suba de precios internos, caída en el nivel de actividad económica y sobre todo en el salario real, afectando más intensamente a los sectores más humildes de la sociedad. Si bien esos efectos pueden ser atenuados por el actual contexto recesivo, sería un error ignorarlos a riesgo de causar serios perjuicios a los sectores económicamente menos favorecidos además de una posible explosión social.

IMPACTO SOCIAL DE LA CORRECCION

Aunque el presente trabajo aspira a generar un debate sobre la necesidad de morigerar el impacto de las inevitables correcciones cambiarias sobre las clases económicamente más vulnerables y las posibles medidas al efecto, no se pretende tratar el tema de la pobreza, cosa que claramente excede el objetivo señalado. Tampoco se trata de crear un nuevo programa de subsidios o planes sociales sino simplemente y por una sola vez ayudar a reducir las consecuencias del ajuste hasta tanto el shock sea absorbido y se normalice la situación salarial.

Una importante dificultad en articular una política o recomendaciones respecto a la pobreza es la falta de estadísticas oficiales sobre sus niveles desde 2013, cuando las cifras del INDEC (4,7%) fueron recibidas con total escepticismo. Por otra parte las estimaciones alternativas no muestran un consenso al respecto, variando entre el 13,2% (CESO) y el 26,9% (UCA) y alrededor del 35% para algunos economistas. Sin abrir juicio sobre la confiabilidad de cada una de esas estimaciones, en este trabajo se adopta una posición intermedia, utilizando una cifra indicativa de 10 millones de pobres para ilustrar los efectos de algunas propuestas.

tabla03

En virtud de la precaria situación fiscal, con un déficit de no menos de cinco puntos del PBI, no es demasiado factible destinar una cantidad importante de recursos a asistir a las familias más necesitadas y afectadas por la corrección. En cambio los subsidios, que insumen un 5% DEL PBI y son la principal causa de déficit, podrían ser re-asignados. En particular, los subsidios a las empresas del sector energético serían más efectivos si se abonaran en efectivo a las familias o personas más afectadas. Tanto el sentido común como la teoría económica sugieren ese enfoque. Destinar por ejemplo entre un 1 y un 2% del PBI, por una sola vez, a la ayuda temporaria mitigaría en buena parte los efectos negativos de las necesarias medidas en el sector externo. Una vez absorbido el impacto inicial de las medidas cambiarias, con la reactivación de la economía y la recomposición del salario real, la disminución en los subsidios se reflejaría en un menor déficit fiscal.

Como se señaló más arriba, para este trabajo y con fines puramente ilustrativos se considerara el efecto financiero de proveer de asistencia a 10 millones de personas. En ese caso, un 1% del PBI pondría $ 6.000 en el bolsillo de cada una de esas personas (utilizando para el cálculo el dólar oficial).

Para tener una idea del margen de maniobra resultante de una re-asignación temporaria de los subsidios, basta con observar las cifras del proyecto de presupuesto recién sometido por el Gobierno: energía, $134.000 millones, importaciones de gas y combustibles, $80.000 millones, transporte, 94.000 millones. Transferir la mitad de los subsidios energéticos a unos 10 millones de personas necesitadas pondría 6.700 pesos en el bolsillo de cada una de ellas, cifra ligeramente superior a la mediana del salario a nivel nacional, según las últimas estimaciones del mismo.

Reconocer los efectos negativos de las medidas como una consecuencia de la corrección, sin tomar ninguna acción para morigerarlos, parece moralmente inaceptable.

No solo la re-asignación de los subsidios permitiría proteger a las clases menos favorecidas sino también brinda una oportunidad de disminuir su regresividad, con las clases más pudientes recibiendo los mayores beneficios mientras los subsidios contribuyen en forma sustancial al déficit presupuestario e inflación, que afecta desproporcionadamente a los más pobres. Según una estimación de CIPPEC, la apropiación por deciles de ingresos es particularmente sorprendente, con un 32% del total beneficiando a los dos deciles de mayor ingreso (9 y10), con solo un 13% para los dos de menores ingresos (1 y2).

De acuerdo con ese estudio, los subsidios a la energía representan el 3,3% del PBI, mientras los del transporte representan otro 1,2%, con un 61% de ellos beneficiando a los usuarios residenciales y el restante 39% a las empresas. Y en cuanto a su distribución geográfica la Patagonia recibe un 30% del total y el Área Metropolitana de Buenos Aires un 20,5%.

Otra forma de financiar, al menos parcialmente la protección buscada deriva del efecto fiscal positivo que produciría la corrección cambiaría por mayores ingresos por derechos de importación y retenciones a algunas exportaciones (particularmente soja), aunque algo reducido por el menor nivel de actividad. A menos que se esterilicen con eliminación de algunas retenciones y rebaja en otras, los recursos así generados podrían también contribuir a mitigar los daños desde el punto de vista social.

Los párrafos precedentes son una modesta contribución al debate que debería ocurrir con respecto a los aspectos sociales de la salida de la crisis cambiaria, presentadas con la expectativa de motivar ese debate. Pero debe tenerse en cuenta que las medidas de gobierno en el área puramente cambiaria no significaran una solución a los problemas de financiamiento del desarrollo si no van acompañadas de acciones que aseguren la seguridad jurídica y física de personas y empresas, libertad de expresión, justicia independiente, estadísticas confiables y garantía de reglas claras y estables.

-

logo econometrica

Lavalle 465, Piso 2 C1047AAI
Buenos Aires, Argentina
www.econometrica.com.ar
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.
Tel: (+54 11) 4322-4668