Informe Especial - Julio 2015

Sistema Previsional Argentino: Una Bomba de Tiempo

En un trabajo previo se sostuvo que el sistema previsional argentino es estructuralmente sustentable, pero que enfrenta una verdadera bomba de tiempo debido al "agujero negro" resultante de la dilapidación de sus recursos por sucesivos gobiernos y la inclusión de cerca de dos millones y medio de beneficiarios que no habían efectuado los aportes requeridos, sin arbitrar los medios para financiar esa expansión. A eso se agrega que más del 30% de los trabajadores actúan fuera del sistema, sin efectuar aportes y creando un claro problema para cuando alcancen la edad de retiro.

Por último, al nacionalizarse los fondos administrados por las AFJP se destinó parte de los mismos a gastos ajenos al sistema previsional, en vez de invertirlos para afrontar futuros beneficios.

EL SISTEMA ES ESTRUCTURALMENTE SOSTENIBLE?

Puede parecer paradójico afirmar que el sistema es estructuralmente sustentable cuando enfrenta un agujero negro de considerable magnitud. La afirmación se basa en el hecho de que el agujero negro no resulta de la estructura en sí, sino de la mencionada dilapidación de los fondos, sumada a la inversión en activos de rentabilidad real negativa y los demás factores mencionados en el párrafo precedente.

Aportes del 26% del salario durante los 45 años de actividad normal (de los 20 a los 65 años), blindados e invertidos en activos rentables, dan lugar a un sistema sostenible a través del tiempo. Vale la pena señalar que aún con un rendimiento en términos reales (es decir, ajustados por inflación) igual a cero, se podrían financiar beneficios del 58,5% del salario, muy por encima de las jubilaciones actualmente pagadas, aunque sin alcanzar el deseado 82%.

El siguiente cuadro apoya la afirmación de la sustentabilidad del sistema y presenta los resultados de algunos simples cálculos incluidos en el trabajo anterior. Estos muestran como los fondos bien invertidos podrían financiar excelentes beneficios, aún a bajas tasas de rendimiento y hasta suponiendo un aumento en las probabilidades de supervivencia hasta los 90 años.

Tomando como ejemplo una contribución mensual de $1000, capitalizados por los 45 años de actividad a tasas de rendimiento reales entre 1 y 4% se observa que el sistema es sano y sostenible, y que los resultados son muy sensibles a la tasa de rendimiento de las inversiones y muy poco sensibles a la supervivencia esperada:

tabla01

Sin embargo, el agujero negro hace que los potenciales beneficios sean actualmente inalcanzables, ya que las contribuciones de los actuales trabajadores en actividad no alcanzan para cubrir los beneficios pagados, lo que ocasiona un déficit del 1.2% del PBI. En consecuencia, no se destina ni un centavo para afrontar los futuros beneficios de los trabajadores actualmente en actividad.

LAS SUPUESTAS SOLUCIONES

El propósito de este trabajo es analizar las supuestas soluciones al problema actual y proponer una alternativa que brinde un sistema sostenible en el tiempo.

1. PRIVATIZACIÓN

Quizás la más popular de las supuestas soluciones en el ámbito del pensamiento basado en el libre mercado es la privatización, imitando el ejemplo de Chile, entre otros países, pese a su fracaso en el lamentable experimento de las AFJP en nuestro país.

Al margen de los problemas que la mala implementación produjo, la privatización trata los fondos de retiro como instrumentos financieros susceptibles de regirse por las reglas del mercado, y produce dos tipos de efectos negativos que se comentan en los párrafos siguientes.

En primer lugar el sistema privado es probadamente discriminatorio, afectando seriamente a los trabajadores de más bajos ingresos. En efecto, una comparación con la comisión que aplican los bancos a una cuenta común sugiere que el cargo básico normal de un administrador privado puede estimarse entre unos $100 a $ 130 por mes, más un porcentaje sobre los fondos administrados, lo que para un trabajador que aporta $1000 o $2000 mensuales, incluyendo el aporte patronal, excede cualquier expectativa razonable de rendimiento. Además, la experiencia indica que las administradoras dedican todos sus esfuerzos de "marketing" a los segmentos de mayor poder adquisitivo, dejando el segmento más bajo para las administradoras de menor nivel, con asesores de inversión menos calificados y no siempre con los controles y normas internas más adecuadas.

El otro aspecto negativo del sistema privado es que destruye totalmente el concepto de Seguridad Social, transformándose en un mecanismo de ahorro privado que deja al trabajador sujeto a los avatares del mercado. Así, un individuo que tiene la mala fortuna de alcanzar la edad de retiro en momentos de mercados en baja, se encuentra con sus ahorros seriamente disminuidos y quizá necesitando el auxilio del Estado. Y peor aún, cuando la situación financiera se torna difícil el trabajador activo de bajos ingresos se ve en la casi obligación de suspender sus aportes, aumentando su vulnerabilidad. El sistema público, en cambio, crea un "pool" de inversiones que suaviza las consecuencias de la volatilidad de los mercados.

2. AUMENTO DE LA EDAD DE JUBILACIÓN

Esa propuesta significa reducir el periodo en que un trabajador puede disfrutar del merecido retiro cuando aún goza de salud y energía. Por ejemplo, aumentar la edad de retiro a los 69 años, como algunos proponen, significa que una persona aporta por 49 años (edades 20 a 69) para disfrutar de 16 o en el mejor de los casos 21 años de beneficios si sobrevive hasta los 90. Al mismo tiempo, crea un serio problema de empleo para una persona que necesite trabajar en el ocaso de su vida, circunstancia aún más aguda en una era de tecnología tan cambiante.

3. REDUCCIÓN DE BENEFICIOS

Dado el precario nivel de beneficios actuales, por debajo de los niveles de pobreza, se hace difícil sostener esa propuesta, que conduciría a situaciones precarias para quienes no tengan otra fuente de ingresos.

IDEAS ALTERNATIVAS PARA TAPAR EL AGUJERO NEGRO

En virtud de que las propuestas antes analizadas presentan serias deficiencias, se mencionan a continuación algunas de las posibles acciones para salir del agujero negro. La mera enumeración de las mismas pone de manifiesto que son de difícil implementación y requieren una política de Estado, de largo plazo, con el consenso y compromiso de todos los sectores políticos. Obviamente en el contexto político actual ese consenso y compromiso resultan utópicos.

Toda solución para desactivar la bomba de tiempo resultante de la situación actual debe incluir alguno de los siguientes elementos:

1. Llevar el sistema a la máxima universalidad posible, reduciendo drásticamente el trabajo "en negro". Esto mejoraría la relación trabajadores activos/receptores de beneficios, actualmente apenas del 1.7%.

2. Agregar a la financiación con rentas generales la máxima proporción posible de los beneficios actuales, de modo de generar excedentes susceptibles de ser invertidos para futuros beneficios. Por ejemplo, tendría sentido financiar con rentas generales los beneficios de quienes se acogieron a las recientes moratorias y no efectuaron los aportes normalmente requeridos. Es claro que ello agregaría significativamente al déficit fiscal, cuyo nivel actual es insostenible a mediano y largo plazo. La reducción o eliminación de subsidios a personas o actividades que no lo necesitan podría neutralizar parte del impacto presupuestario. Liberar entre 25% y 50% de las contribuciones para ser invertida a una tasa del 3%, produciría un fuerte impacto en las finanzas públicas, incrementando el déficit fiscal como se indica a continuación:

Cabe señalar que financiando el 50% de los actuales beneficios con rentas generales, y dedicando el 50% remanente a inversión para futuros beneficios, se lograría un beneficio potencial del 82% del salario al cabo de 45 años, pero aumentando el déficit en 4 puntos del PBI.

tabla02

3. Invertir los fondos liberados según el punto anterior en activos de la máxima rentabilidad compatible con niveles aceptables de riesgo. Bonos corporativos internacionales, o resurrección de las cedulas hipotecarias parecen opciones dignas de análisis. Manejado con prudencia y profesionalismo, un instrumento como las cédulas hipotecarias, además de producir la tan necesaria rentabilidad para el sistema previsional, crearía una fuente de crédito a largo plazo para la compra de viviendas y un activo negociable para el poco profundo mercado de capitales. Además, la emisión de obligaciones respaldadas por los préstamos (securitization) y su colocación en el mercado produciría un efecto multiplicador (apalancamiento), potenciando la rentabilidad de los fondos del sistema.

4. Profundizar la reducción de las prestaciones a las clases de mayores ingresos, compensando esa reducción con la posibilidad de diferir impuestos sobre una parte de los ingresos que se inviertan en fondos de retiro en un mecanismo similar al de los llamados 401K de los Estados Unidos. Allí, una provisión del régimen de impuesto a las ganancias (Income Tax), llamada 401K por la sección de la norma legal respectiva, permite a quienes tengan la necesaria holgura financiera diferir el impuesto sobre una parte de sus ingresos siempre que sean invertidos en cuentas individuales de retiro. Es práctica común que las empresas, para competir por trabajadores talentosos, equiparen el ahorro individual con un aporte patronal. Ambos están sujetos a límites porcentuales máximos, y los fondos así invertidos quedan inmovilizados hasta alcanzar la edad jubilatoria y no excluyen la contribución al sistema oficial de Seguridad Social.

Esta simple enumeración de posibles elementos de una solución enfatiza las dificultades que presenta el agujero negro y la necesidad de un acuerdo y compromiso de todos los sectores políticos y económicos para una política de Estado, indispensable para evitar el estallido de la bomba de tiempo subyacente en la situación actual y las perspectivas de la inacción. Lamentablemente, esta seria amenaza no parece recibir la atención debida, con todo el énfasis puesto en las contingencias políticas de corto plazo.

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