Del 54% al 33%: La única verdad es la realidad

El gobierno no tiene mucho margen para seguir difiriendo en el tiempo la decisión de corregir las distorsiones de precios relativos que se fueron acumulando en los últimos años. Dos de ellas son de especial preocupación:

• el atraso cambiario que llevó el precio del dólar a un nivel inferior al existente al final de la convertibilidad, y

• el aumento de las tarifas públicas para reducir los indiscriminados subsidios energéticos. En la actualidad suman 25.000 millones de dólares (5 % del PBI).

La tesis del gobierno es evitar que sigan aumentando esas distorsiones con una estrategia de "sintonía fina" de ajuste gradual. No forma parte de sus convicciones ideológicas corregir esas distorsiones con un "shock cambiario y tarifario".

"Más de lo mismo" con un sesgo ortodoxo

¿Qué entiende, entonces, el gobierno por sintonía fina? No es nada simple precisar que entiende el gobierno por sintonía fina, o "más de lo mismo", o gradualismo o profundización del modelo. En principio, la estrategia de "más de lo mismo" descansa no sólo en depender del "cepo cambiario", esto es de mantener los controles de precios, de importaciones y cambiarios sino también en devaluar y aumentar las tarifas a un ritmo levemente superior a la verdadera tasa de inflación para evitar que se profundicen las actuales distorsiones de precios relativos.

El objetivo de la sintonía fina no es recuperar ni alcanzar el precio de equilibrio del tipo de cambio y de las tarifas públicas, porque el gobierno sabe que tomar esas decisiones tiene un elevado costo político que no está dispuesto a asumir. El gobierno pretende, refugiándose en la estrategia de sintonía fina, mantenerse a flote hasta las elecciones del 2015 y dejar que sea el próximo gobierno el que asuma pagar los costos políticos de enfrentar las distorsiones existentes. Por esta razón, no forma parte de sus prioridades dar respuesta a temas tan gravitantes como inflación o financiar el déficit fiscal con emisión monetaria o utilizar las reservas internacionales del Banco Central para pagar los vencimientos de la deuda pública en dólares. Se siente cómodo defendiendo la tesis del desendeudamiento porque le permite ocultar que ello es la consecuencia de tener cerrado el acceso a los mercados financieros internacionales.

Donde sí hay un reciente y drástico cambio de actitud es en torno a tomar decisiones que conduzcan a frenar la pérdida de las reservas internacionales. En este tema comenzó a dominar el pragmatismo oficial y esta prevaleciendo en CFK la predisposición a tomar decisiones que tiempo atrás eran rechazadas como ortodoxas o neo liberales. Más aún, CFK está dispuesta a dejar de lado y descartar concepciones ideológicas que entren en conflicto con todo aquello que esté relacionado con el acceso al financiamiento internacional. Ejemplos de esta nueva realidad es la negociación con el FMI por un nuevo índice de precios, reabrir el canje de la deuda con los fondos buitres, el anuncio que está dispuesta a aceptar el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos dejando de lado la pretensión original de proponer un cambio de jurisdicción a los bonos con legislación americana, el acuerdo con el Banco Mundial para cancelar la deuda con el CIADI dejando de lado su tesis previa de someterlos a la justicia argentina, un tipo de cambio más elevado para comprar BAADE para asegurarse el ingreso de capitales externos de empresas privadas, el convenio de YPF con Chevron y las negociaciones con el gobierno chino por un préstamo de características similares al que le dieron a Venezuela.

Pesa tanto la falta de credibilidad en el gobierno que no se puede soslayar el contenido político del fracaso del blanqueo de capitales más laxo en toda la historia impositiva argentina. Esta falta de credibilidad y el estilo confrontativo con otros gobiernos explican por qué hasta ahora ninguna de las mencionadas decisiones ortodoxas se hayan concretado en nuevas fuentes de financiamiento externo y no creemos que ello cambie en los próximos dos años.

Esta reticencia en el acceso a los mercados financieros llevó al gobierno a volver a pedir un préstamo al Banco de Francia dejando como garantía de ese préstamo, las reservas del Banco Central depositadas en ese mismo Banco. Se trata simplemente de una ingeniería contable porque en la definición de reservas brutas no se incluyen los pasivos del Banco Central.

En el 2014 estancamiento económico y pérdida de reservas internacionales

La estrategia de "más de lo mismo" tendrá las siguientes implicaciones operativas:

1. El nuevo contexto internacional conducirá en el 2014 a una caída del 10 % en los precios internacionales de nuestros productos de exportación y a una retracción en el comercio con Brasil, lo cual da lugar a una disminución de las exportaciones en 4.000 millones de dólares y a un aumento en las importaciones de energía de 2.000 millones de dólares. Para mantener el superávit comercial del 2013 se requiere una disminución de las importaciones no energéticas del 10 %. Si en el 2014 se mantiene cerrado el acceso al financiamiento internacional, el gobierno tendrá que optar entre enfriar la economía para reducir las importaciones o financiar mayores importaciones con las reservas internacionales.

2. En los 10 años de gobierno kirchnerista (2003/13) sólo en dos años enfrentó un contexto recesivo. En el 2009 el PBI cayó un 3.1 % y en el 2012 un 0,4 %. La recesión del 2012 es más representativa de la realidad actual debido a que fue inducida por la restricción externa provocada por la fuga de capitales.

3. La experiencia recesiva del 2012 nos enseñó que para superar la restricción externa en un contexto de nulo acceso al endeudamiento internacional, no alcanzó con el "cepo cambiario". Fue necesario, además, enfriar el crecimiento de la economía para limitar a 3.000 millones de dólares la pérdida de las reservas internacionales.

4. De la misma forma que en el 2012, no alcanza en el 2014 con enfriar la economía. Se requerirá, además, proteger las reservas creando un mercado cambiario con una amplia variedad de tipos de cambio. Se propondría un dólar oficial para las importaciones y exportaciones que se devaluará gradualmente por encima de la inflación, un dólar más alto para el turismo, un dólar más cercano al paralelo para estimular acuerdos con empresas que ingresen capitales del exterior. Además poner límites al uso de tarjetas de crédito en dólares así como crear un dólar especial para importaciones suntuarias, en particular autos.

5. El objetivo de estas medidas es evitar que sigan cayendo las reservas internacionales trasladando demanda de dólares del mercado oficial al mercado paralelo. El precio que pagamos por estas medidas es aumentar la brecha cambiaria.

6. En el 2013 el déficit fiscal primario es el 2 % del PBI. En el 2014 para evitar que aumente el déficit el gobierno deberá aumentar gradualmente las tarifas públicas por encima de la inflación a fin de reducir los subsidios energéticos.

7. La decisión de devaluar y aumentar las tarifas por encima de la inflación conducen a deprimir el salario real, esto es, este modelo de sintonía fina cierra si el salario es la variable de ajuste.

8. El resultado final de estas medidas en el 2014 será una economía estancada, lo que permitiría limitar la pérdida de reservas a los vencimientos de deuda pública que suman 5.500 millones de dólares.

Conclusión

En síntesis, el punto de partida de la política de "más de lo mismo" luego de la derrota electoral será rechazar un ajuste "shock" y aceptar un ajuste gradual con un sesgo más ortodoxo que en el pasado. Esta estrategia gradual no es nada fácil de sostener por el estrecho margen de maniobra que tiene un gobierno, debilitado políticamente, para contener las demandas sociales y económicas que atentan contra el gradualismo y a recurrir al salario como variable de ajuste. Si esta debilidad política lo conduce a aceptar las demandas sociales, estará al mismo tiempo creando las condiciones para un posterior ajuste más traumático. Aumentará la brecha cambiaria, la pérdida de reservas y el mercado presionará para que entren en escena los conocidos ciclos de "stop and go" de las décadas del 50 al 80. Como nos enseñan esas experiencias históricas, los gobiernos recurren a esas medidas de ajuste como último recurso, cuando ya no les queda otra opción que hacer un ajuste recesivo ortodoxo vía caída del salario real y política fiscal-monetaria restrictiva para contraer las importaciones y detener la pérdida de reservas internacionales.

Sin embargo, el próximo gobierno puede enfrentar un contexto más digerible, aun suponiendo que al asumir, se encuentre con un muy bajo nivel de reservas internacionales y con las exigencias de enfrentar las distorsiones que le deja el gobierno anterior. En efecto, el nuevo gobierno estaría en mejores condiciones que el actual para atenuar el colapso que acabamos de mencionar. Para ello debe estar preparado a tomar decisiones que contribuyan a mejorar su imagen internacional, en particular recuperar la credibilidad sobre la seguridad jurídica en la Argentina. El objetivo para el nuevo gobierno sería volver a acceder a los mercados financieros internacionales para superar la restricción externa al crecimiento económico. Ello le permitiría ganar tiempo suavizando el ciclo económico con el ingreso de capitales externos. Es precisamente esta visión más optimista sobre el mayor margen de maniobra que tendrá el próximo gobierno lo que está estimulando a los operadores económicos a volver a asumir el riesgo argentino, tal como lo señala el aumento de las cotizaciones de los títulos públicos que se viene observando en los últimos meses. Ello está ocurriendo aún cuando sigue pendiente el fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos en relación a los fondos buitres y seguimos lejos del FMI.

CFK Y EL SÍNDROME DEL PATO RENGO

Una derrota de proporciones

¿Cual será el rumbo del gobierno durante los últimos dos años de mandato de CFK? Intentaremos responder esa pregunta analizando cuales serán las consecuencias de la derrota oficialista en las elecciones del 27 de octubre y como enfrentarán, oficialismo y oposición, los conflictos que traerá aparejada la transición.

Para dimensionar el retroceso del oficialismo basta decir que el conglomerado oficialista obtuvo 4.105.184 votos menos el 27 de octubre que los que obtuvo en la elección de 2011, mientras que la oposición aumentó su caudal electoral en 5.210.567 votos respecto de la misma elección. En sólo dos años la suma de los votos opositores pasó del 46% al 67%.

Esta significativa transferencia de votos a favor de las expresiones opositoras se produce en un momento de desajustes e incertidumbre económica.

El resultado electoral ha detonado las diferencias que se encontraban soterradas en el seno de la estructura de gobierno. Sólo la convalecencia presidencial y el fallo de la Corte Suprema decretando la constitucionalidad de la ley de medios, han podido morigerar el tono de los enfrentamientos internos en el elenco gobernante.

Simultáneamente, con la certeza de que la re-reelección es imposible, se aceleró la disputa por la sucesión entre los gobernadores justicialistas.

El hecho de que los gobernadores triunfantes de Chaco, Entre Ríos y Tucumán, hayan sido los protagonistas de la noche del domingo 27 en el bunker cristinista, marca el cierre de un ciclo. La estrategia del "látigo y la chequera", tan utilizada por NK y CFK para disciplinar a los mandatarios provinciales, toca a su fin. Comienza una nueva etapa en la que los gobernadores oficialistas intentarán constituirse en factor de poder esencial en el tiempo que resta para concluir el mandato presidencial.

Se trata de un cambio sustantivo en la cúpula del gobierno que se irá profundizando con el correr del tiempo. En la medida en que no exista un sucesor definido de CFK, el poder se irá desplazando hacia los gobernadores que dirimirán, entre ellos, quien liderará al oficialismo.

Un nuevo sujeto político: La liga de gobernadores

La "liga de gobernadores" tendrá progresivamente mayor ingerencia en la fijación de la estrategia política, económica y social del gobierno. Los jefes provinciales prestarán preferencial atención a la marcha de la economía e intentarán mantener la cohesión interna del conglomerado gobernante. La tarea no ha de ser sencilla ya que, a la debilidad ocasionada por la pérdida de votos, cabe agregarle la diáspora que podría producirse en las propias estructuras del kirchnerismo hacia el Frente Renovador, sobretodo si tenemos en cuenta que los dirigentes peronistas actúan como los mercados financieros: se anticipan a los cambios.

Todo parece indicar que los gobernadores, preocupados por su propio futuro, propondrán introducir correcciones a un "modelo" que muestra inequívocos síntomas de agotamiento: inflación, caída en la generación de empleo, inseguridad creciente, corrupción, déficit fiscal, estancamiento económico, inequidad tributaria, ineficiencia estatal, aislamiento internacional, etc.

El dilema presidencial será entonces: avanzar desoyendo el reclamo de los gobernadores o pactar con ellos una estrategia común que contemple el encauzamiento de la economía y el diseño de un plan político con vistas a 2015. Dada la nueva correlación de fuerzas es factible que CFK opte por el acuerdo.

Un modelo que languidece

La negociación con los mandatarios provinciales afines no será sencilla. La presidenta no está acostumbrada al diálogo. Escuchar a los gobernadores será un cambio sustantivo en una administración que, hasta hoy, los ha subordinado a través de la asignación selectiva de los recursos económicos y la obra pública, sin darles participación alguna en el diseño de la estrategia política, económica o social.

Al mismo tiempo es posible que se desate un conflicto de intereses entre la presidenta, que pretenderá conservar su capital político pensando en un futuro retorno al poder, y sus eventuales sucesores, que intentarán que sea ella quien asuma los costos que puede acarrear la reorientación del "modelo". La recomposición del cuadro tarifario, el reordenamiento de los subsidios, la adecuación del tipo de cambio, la salida del cepo cambiario y el control de la inflación entre otros , serán los temas que, quienes aspiran a sucederla, pretenderán que resuelva la presidenta en lo que resta de su período al frente del PE. Así, las decisiones de los próximos dos años estarán atravesadas por la tensión entre la necesidad de resolver los problemas más acuciantes y el precio que se debe pagar por ello.

Otra dificultad que tendrá que superar CFK es el "síndrome del pato rengo" que padecen todos los mandatarios al acercarse el final de su gobierno sin haber designado sucesor/a. A diferencia de Lula, que desde la presidencia ayudó a construir el liderazgo de Dilma, CFK prefirió gobernar en soledad y hoy debe asumir las consecuencias de esa decisión. La lucha por la sucesión entre quienes desean la "profundización del modelo" (Urribarri, Capitanich) y quienes plantean la "continuidad con cambios" (Scioli) tendrá efectos sobre la gestión del estado, lo que agregará un obstáculo adicional al último tramo del mandato presidencial.

Sintetizando, en lo que resta de su mandato, CFK deberá resolver los problemas derivados de los desajustes de la gestión, suturar la sangría de poder y a la vez administrar la disputa por la sucesión. Un nuevo tiempo político ha comenzado.

Una oposición fortalecida

La primera conclusión que surge al analizar los resultados electorales es que las diferentes alternativas opositoras se han fortalecido. El conjunto de fuerzas de la oposición ha reunido 15. 102.398 votos contra 7.487.839 del oficialismo y sus aliados.

El polo progresista triunfó en Santa Fe, Mendoza, Santa Cruz, Catamarca, Jujuy, Corrientes y discute la victoria en La Rioja, a la vez que se consolidó como segunda fuerza en CABA desplazando al kirchnerismo al tercer lugar. El peronismo disidente triunfó en Córdoba, San Luis y Chubut. Simultáneamente el neoconservadurismo, triunfante en CABA, hizo pié en el interior del país (Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba) para fortalecer las pretensiones presidenciales del Jefe de Gobierno porteño.Por último, el Frente Renovador de la provincia de Buenos Aires que venció sin atenuantes al FPV por 1.009.204 votos en su principal bastión electoral, se prepara para convertirse en una fuerza nacional.

Mientras en el oficialismo se ha lanzado la disputa por la sucesión, los distintos conglomerados opositores comienzan a desplegar sus planes con miras al 2015.

Los planes de los conglomerados opositores

Cada uno de los conglomerados opositores irá diseñando su propia estrategia para llegar a las elecciones presidenciales con posibilidades de éxito.

El progresismo parece encaminado a articular un gran frente, cuya composición sea similar a la de UNEN en CABA; de esa manera esperan unificar el voto progresista detrás de una propuesta socialdemócrata manteniéndose al margen de la pelea "intraperonista". Los principales candidatos de este conglomerado aceptan dirimir las candidaturas en las PASO, lo que facilitará la unidad detrás de una propuesta común. Cobos, Binner y Carrió aparecen como los presidenciables que competirían por representar a este frente político.

El PRO, expresión de las ideas neoconservadoras, ha definido transformarse en una fuerza nacional apoyado en su importante victoria en CABA y en los buenos resultados obtenidos en Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba. Mauricio Macri, quien ya puso en marcha su campaña presidencial, es la figura excluyente en este espacio.

El gran triunfador de las elecciones en Buenos Aires, Sergio Massa, parece encaminarse a ser candidato presidencial representando a un sector del peronismo. Para ello ha definido una estrategia similar a la utilizada en su provincia: la conformación de una "liga de intendentes", ahora de carácter nacional. Esta maniobra, que podríamos definir como el "per saltum" a los gobernadores, inquietará a los caudillos provinciales que, hasta hoy, oficiaban de intermediarios de los poderes locales ante el poder nacional. La "rebelión de los intendentes" pondrá a los gobernadores frente a la alternativa de confrontarlos o aliarse con ellos e integrarse a la renovación. El Frente Renovador buscará extenderse territorialmente de la mano de los caudillos locales.

Otro sector del justicialismo, el peronismo disidente, bascula entre la posibilidad de confluir con el FR o dar batalla por la normalización del Partido Justicialista y disputar desde "adentro" con los herederos de CFK. De la Sota y los hermanos Rodríguez Saá deberán decidir que camino tomar.

2015, el posible debut del ballotage

Los partidos opositores no estarán exentos de dificultades. En primer término necesitan consolidar estructuras nacionales que le permitan ser competitivas frente al aparato gubernamental. En segundo lugar deben superar las turbulencias lógicas que genera la disputa por las candidaturas, consolidando liderazgos democráticos creíbles, en un contexto de debilidad de los partidos políticos y exaltación del personalismo. Por último tendrán que convencer a la ciudadanía y demostrar que pueden ser una alternativa capaz de gobernar.

Si las fuerzas opositoras salen airosas de estos desafíos y sacan provecho de la creciente conflictividad en el kirchnerismo, podrán constituirse en opción de poder.

Teniendo en cuenta que al menos dos o tres conglomerados justicialistas (en múltiples e imprevisibles combinaciones) competirán por la presidencia, es probable que la elección del futuro presidente se dirima en un ballotage entre alguna de las expresiones del PJ y el conglomerado progresista.

Se abre una nueva etapa, llena de interrogantes y nuevos desafíos, que culminará en 2015 cuando la ciudadanía con su voto elija nuevo/a presidente/a.