Venezuela Interpela al Mercosur

La situación que se vive en Venezuela es grave y de pronóstico difícil. La violencia política se ha hecho presente y ha cobrado vidas humanas. Las posibilidades de diálogo entre gobierno y oposición corren por un estrecho desfiladero. No está claro si las tensiones actuales podrán ser procesadas por las instituciones. La crisis política está acompañada de un cuadro económico severo: la inflación anual es superior a 50%, la actividad económica se encamina hacia la recesión y hay un deterioro en los ingresos reales. Las malas noticias económicas comenzaron a mediados de 2013 y se han venido agravando desde entonces. Es cierto que en el pasado Venezuela ha experimentado crisis económicas similares, pero la novedad es que en esta ocasión la catástrofe ocurre con precios altos del petróleo. El síndrome de las dificultades económicas venezolanas tiene su raíz en un mal manejo de la situación interna.

La realidad que presenta hoy el país caribeño y la complejidad de las perspectivas del actual escenario no han pasado inadvertidas para la opinión pública y los sectores políticos de los distintos países de la región, incluso con repercusiones en otras latitudes. Basta una rápida recorrida de los principales diarios para dar cuenta de este hecho. Las preocupaciones del exterior reflejan en parte el debate interno del país. De un lado, se pone el acento en que los reclamos de la oposición atentan contra el orden constitucional y cuestionan la legitimidad de un gobierno democráticamente elegido. De otro lado, se señala que el oficialismo está decidido a silenciar las voces de disenso, a impedir el diálogo y entendimiento democrático y, finalmente, que no duda en recurrir a la represión por diversos medios.

Si bien el debate y la preocupación de diversos actores políticos que se advierte en los países de la región –particularmente de América del Sur- es muy activo, hay un hecho que ha pasado mayormente inadvertido. La importancia de lo que ocurre en Venezuela no sólo deviene de la entidad y gravedad de la coyuntura política, de derechos humanos, de defensa del orden democrático y aún del orden económico interno, sino también del hecho que dicho país, además de su participación en UNASUR, hoy es miembro pleno del MERCOSUR. Cabe anotar que ocupa la Presidencia del mismo en el presente semestre. En consecuencia, ya no se trata de factores de proximidad geográfica, sino que la pertenencia al bloque constituye es un asunto que requiere una atención particular.

Hay varias razones por las cuales la crisis venezolana interpela al MERCOSUR. La primera de ellas es que, como es sabido, el bloque ha suscripto en 1998 la cláusula de compromiso democrático que está plasmada en el Protocolo de Ushuaia. Durante varios años el instrumento pareció responder a una preocupación abstracta, interrumpida sólo con alguna inquietud menor que se produjo a raíz de la situación argentina de 2001. Sin embargo, en Junio de 2012, la cláusula democrática salió de su letargo y entró en acción a propósito de los sucesos que llevaron al juicio político del Presidente Lugo en Paraguay. En la ocasión, la decisión del bloque fue suspender a Paraguay como miembro del bloque. Como se recordará, en la Cumbre del Mercosur realizada en la ciudad de Mendoza poco tiempo después, los Presidentes acordaron el ingreso pleno de Venezuela al bloque. Es interesante notar que hasta ese momento dicha decisión, que estaba en gestión desde 2006, no se había concretado en razón de la oposición de Paraguay. De esta forma, la suspensión transitoria de Paraguay fue aprovechada para el ingreso de Venezuela como miembro pleno. Después de intensas gestiones diplomáticas el episodio concluyó con el reingreso de Paraguay y la aceptación por parte de éste, casi en tono de resignación frente a los hechos consumados, que el bloque había incorporado en forma definitiva a su quinto miembro. No obstante, y más allá de las habilidades de las cancillerías, la solución al affaire "suspensión de Paraguay-incorporación de Venezuela" dejó resquemores. Incluso hubo opiniones disonantes en el arco oficial de los países. Así, por ejemplo, el Vice-Presidente Astori de Uruguay cuestionó la legalidad de la medida y señaló abiertamente el daño que eso significaba para el bloque. Discrepó así abiertamente con la opinión presidencial. En síntesis, la coyuntura actual de Venezuela requiere que el bloque actúe de manera meditada y con claridad respecto de la aplicación de la cláusula democrática del MERCOSUR.

En segundo lugar, los hechos políticos comentados añaden una señal de atención al desempeño comercial y económico del bloque. Las críticas sobre este ángulo son conocidas: el intercambio intra-bloque no fluye con normalidad por continuas trabas –la política comercial argentina ha contribuido generosamente en este terreno- y hay una insatisfacción respecto del funcionamiento del MERCOSUR en este plano. Tanto en Uruguay como en Paraguay las expresiones en tal sentido son reiteradas, incluyendo voces de funcionarios oficiales. Es cierto que si se repara en la dimensión comercial, se podría hacer un argumento para relativizar y restar importancia a la situación venezolana. Las exportaciones del Mercosur a Venezuela rozan los 8000 millones de dólares –es decir, poco más del 2% de las exportaciones totales de los otros cuatro socios. Sin dudas, esta es una mirada parcial. Las exportaciones del bloque a Venezuela representan 14% de las ventas intra-zona, se multiplicaron por 5 en una década y hay claras oportunidades de ampliación del mercado. El saldo comercial actual, más de 5000 millones de dólares es ampliamente favorable a los restantes miembros, especialmente Brasil y Argentina, y el escenario previsible es que dicha cuenta se amplíe. Por otro lado, más allá del comercio, hay importantes inversiones directas de parte de Brasil orientadas a Venezuela y el BNDES está participando en el financiamiento de obras públicas en ese país. En suma, aún bajo esta mirada restringida, la importancia comercial y económica actual y futura de relación entre Venezuela y el MERCOSUR requiere un seguimiento atento.

En tercer lugar, y también en el plano de la política comercial externa, cabe una observación con horizonte estratégico. Una de las debilidades del MERCOSUR ha sido su agenda externa: el bloque no ha podido concretar acuerdos comerciales con socios y mercados relevantes. Es cierto, que la demanda asiática y China ha hecho menos urgente la tarea, pero el dato del escaso progreso del bloque en apertura de mercados es irrefutable. Al respecto, y después de una larga pausa, el año pasado cobraron mayor ritmo las negociaciones con la Unión Europea. En los últimos meses hubo claros indicios de uno y otro lado de concretar el entendimiento comercial. Más aún, importantes grupos del empresariado de tres países –Brasil, Paraguay y Uruguay- alientan a sus respectivos gobiernos, y encuentran allí buena acogida, para tomar una posición activa respecto del frente comercial con la UE. De hecho se ha explorado la posibilidad de avanzar con velocidades independientes para aquellos que estén dispuestos a hacerlo. Queda planteada entonces la tarea a emprender: las negociaciones estratégicas del MERCOSUR deben ser compatibles con la posición que el bloque adopte respecto de la coyuntura de Venezuela.

Finalmente, y con relación a lo anterior, debe anotarse que el bloque del sur no es un actor aislado. Particularmente, en el ámbito regional, la Alianza del Pacífico conformada por Chile, Perú, Colombia y México, significa una competencia real en el acceso a mercados y en los flujos de inversión. La AP representa poco más del 30% del PBI de América Latina (el MERCOSUR, 56%). Ambos bloques tienen una participación similar en las exportaciones mundiales con poco más del 2,0% cada uno. Sin embargo, el inmovilismo de la agenda externa del MERCOSUR contrasta con la activa negociación externa de la AP. Todos sus miembros tienen tratados de libre comercio con socios extra-regionales, incluyendo también a Estados Unidos. Según se observa en las declaraciones oficiales, la AP está decidida a ampliar sus flujos de comercio y ganar presencia en el intercambio con el Asia-Pacífico. Nuevamente es una nota de atención para el MERCOSUR.

En síntesis, sea por consideraciones estrictamente políticas en lo que hace a la aplicación efectiva y el significado real de la "cláusula democrática" del MERCOSUR como por razones comerciales y económicas de corto y mediano plazo, la situación de Venezuela interpela al bloque. Es un desafío adicional que se suma a los existentes. Dada la entidad de la cuestión, las respuestas y acciones del MERCOSUR a la coyuntura actual de la situación que se vive en aquél país, habrán de condicionar pasos futuros. Hasta el momento, la expresión oficial del bloque se sintetiza en una escueta Declaración oficial ( www.mercosur.int ) Seguramente no está dicha la última palabra.

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